A veces, la búsqueda de la claridad nos conduce a un callejón sin salida. Nos acostumbramos a buscar certezas en lo cotidiano, pero ¿qué ocurre cuando la mente descubre que la vigilia y el sueño comparten la misma sustancia indescifrable? Este poema nace en esa línea divisoria, en la frontera donde el tacto ya no sirve como prueba de realidad y nos descubrimos habitando un laberinto propio. Una invitación a mirar de frente la incertidumbre, ahí donde el silencio es el único que se atreve a hablar.
¿Por qué (no) quieres soñar?
Sólo una vez quisiera,
tan sólo una vez, soñar sin tinieblas.
Que el cándido blanco desaparezca
y un sostenido silencio haga presencia.
¿O es que no estoy viviendo en una sombra densa?
Palpo una grieta fina y esclavizante,
no sé si es realidad este preciso instante,
si voy o vengo, si es túnel o simplemente puente.
Es el dilema eterno de estar suspendido
ante el umbral de un alba silenciosa,
mientras la mente habita la frontera
y acepta el peso de su propio laberinto.
No hay testigo fiel, no hay prueba,
vivir es este péndulo dormido:
es miedo a despertar en la tormenta,
es miedo a descubrir que uno ha caído.
©️Milena E
Ilustración de M. C. Escher
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