viernes, 15 de mayo de 2026

Paradojas infinitas


A veces, la búsqueda de la claridad nos conduce a un callejón sin salida. Nos acostumbramos a buscar certezas en lo cotidiano, pero ¿qué ocurre cuando la mente descubre que la vigilia y el sueño comparten la misma sustancia indescifrable? Este poema nace en esa línea divisoria, en la frontera donde el tacto ya no sirve como prueba de realidad y nos descubrimos habitando un laberinto propio. Una invitación a mirar de frente la incertidumbre, ahí donde el silencio es el único que se atreve a hablar. 




¿Por qué (no) quieres soñar? 
Sólo una vez quisiera, 
tan sólo una vez, soñar sin tinieblas. 
Que el cándido blanco desaparezca 
y un sostenido silencio haga presencia. 

¿O es que no estoy viviendo en una sombra densa? 
Palpo una grieta fina y esclavizante, 
no sé si es realidad este preciso instante, 
si voy o vengo, si es túnel o simplemente puente. 

Es el dilema eterno de estar suspendido 
ante el umbral de un alba silenciosa, 
mientras la mente habita la frontera 
y acepta el peso de su propio laberinto. 

No hay testigo fiel, no hay prueba, 
vivir es este péndulo dormido: 
es miedo a despertar en la tormenta, 
es miedo a descubrir que uno ha caído. 



©️Milena E




Ilustración de M. C. Escher

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