Una vela encendí
para mirar tu llama,
proyectar en ella la nada,
inspirarme en
ese silencio
que con pasión
recibía tu bendición
al amor de lo amado...
Ahí quedó
mi noble intención:
en Nada.
¿Por qué pretender entender
lo que el otro pretende entender,
si cada cual hace de su capa un sayo?
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