Regresar a lo sencillo es, quizás, aprender a mirar con las yemas de los dedos...
Frente al laberinto de lo complejo, la caricia de lo tangible es nuestra única certeza.
¿Cómo regresar a lo sencillo?
¿En qué momento nos arrancaron nuestro sitio?
Nos hemos puesto encima tantas capas,
tanta mugre de prisas e importancias
que no nos llega ni el aire ni la caricia.
Respiramos ¿pero qué respiramos?
¿solo un eco de lo que otros dicen que es la vida?
Todo se ha vuelto un laberinto de cosas infructuosas
y nos da miedo el tacto porque no tiene filtros.
Sé que sólo sé acariciar lo que es sencillo:
una fruta, el frío del agua, el borde de una sábana,
esas cosas que se dejan tocar,
lo más sencillo...

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