¿Qué re-suena en el eco?
Es temor, es angustia...
la mente no sabe.
Entonces me digo:
mejor dejarse acunar en nubes algodonosas,
regresar a una melodía sencilla,
a la geometría de una flor, a la quietud de un árbol.
Sentir, sin más, los regalos de la vida:
el agradecimiento que estalla,
la donación sublime,
el apocalipsis de una re-velación suprema.
Y después de la tormenta, el silencio.
Esa tregua que hoy no veo, pero que siempre llega.
Donde el miedo se deshace
y solo queda, limpia,
la vibración que late.
Imagen: Ídolo arcaico -obra de Marc Rothko (1945)

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